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A menudo hablamos de la inclusión como un derecho que la sociedad nos debe. Y es cierto: las leyes y la accesibilidad son la base de nuestra participación. Sin embargo, existe una dimensión de la convivencia que nace de nuestra propia voluntad y carácter. Es importante aclarar que no todos procesamos las normas sociales de la misma forma; existen retos cognitivos que cambian la manera de interactuar. Pero para quienes tenemos la capacidad de entender nuestro impacto en los demás, la inclusión real conlleva una responsabilidad personal
Debemos distinguir entre el derecho a ser incluidos y el mérito de ser respetados en el plano personal. Una cosa es que el sistema nos abra la puerta, y otra muy distinta es cómo decidimos cruzarla
"Tener una condición no nos da permiso para ser difíciles, desconsiderados o esperar que todo se nos conceda sin esfuerzo mutuo. El carácter, la ética y la forma en que tratamos a los demás son los que realmente dictan nuestro valor en un grupo. La inclusión real ocurre cuando dejamos de ser vistos como 'la persona con condición' a la que hay que tolerar, y empezamos a ser valorados por lo que aportamos como individuos. El respeto no es un regalo que viene con un diagnóstico; es algo que, como cualquier otro ser humano con capacidad de entender su entorno, tenemos la responsabilidad de cultivar y ganar".
Al final del día, pedir que se nos mida con la misma vara ética es el acto más grande de empoderamiento. No buscamos una "cortesía" que excuse nuestras actitudes por lástima.
Saludos. Para publicación en la sección de reflexión de concejales.
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