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"Somos apoyo para tus posibilidades"

Un café con Helen Keller

Un café con Helen Keller

- Naomi Cordero
Si hablamos de resiliencia dentro de las historias de discapacidad y diversidad funcional, sin duda alguna Helen Keller es un referente imprescindible. Su nombre atraviesa generaciones, libros y discursos.  Hoy quiero acercarme a ella desde otro lugar: desde la imaginación y el corazón.

A veces me pregunto cómo sería sentarme a tomar un café con ella.
No en cualquier sitio, sino en un jardín hermoso, lleno de rosas y flores abiertas. Imagino una brisa suave, un clima cálido y acogedor, y un ambiente que invita a la calma. En mi mente, su presencia sería serena. Con una voz única y firme a la vez, me daría la bienvenida y me preguntaría cómo me siento. Entre señas, lectura de labios  táctil y palabras sería un momento transformador.

La verdad es que, si hubiera tenido esa oportunidad, habría necesitado tiempo. Mucho tiempo. Tengo tantas preguntas que hacerle. Estoy segura de que me respondería cada una con delicadeza, sabiduría y una profundidad nacida de la experiencia. Me hablaría de las aventuras que vivió, de los retos que enfrentó y, sobre todo, de las lecciones que aprendió en el camino.

Pienso que también me comunicaría del valor del apoyo. De lo lejos que se puede llegar cuando sabes que no estás solo. De la importancia de contar con recursos que van más allá de lo material: la educación, la comunidad, la confianza y la esperanza. Porque nadie camina solo, aunque muchas veces así lo parezca.

Pasan los años, pasa el tiempo, y el nombre de Helen sigue siendo mencionado, admirado y recordado como el de una mujer que cambió la historia. Y quizás sin saberlo, también cambió la historia personal de muchos de nosotros. Siento que, sentadas frente a frente, tendríamos conversaciones interminables, silencios cómodos y una complicidad profunda que no necesitaría demasiadas palabras.

¿Por qué traigo esta imagen hoy?

Por algo muy sencillo: estoy convencida de que, si ella conociera las historias que vivimos las personas con diversidad funcional en Puerto Rico, se sentiría profundamente orgullosa. Estoy segura de que sería una aliada. De que encontraría en nuestra lucha una causa compartida. De que juntas podríamos imaginar redes de apoyo, espacios seguros y comunidades más conscientes alrededor del mundo.

Desde pequeña, Helen fue para mí una inspiración. Tanto así, que fue una de las primeras figuras de las que hablé en una de mis presentaciones orales durante mis años escolares. Su historia se quedó conmigo.

Nuestros contextos fueron distintos, nuestras épocas también, pero estoy convencida de que nuestras historias se unen por un mismo eslabón: la resiliencia.

Y aunque ese café nunca ocurrió, su legado sigue presente.
Sigue sentándose con nosotros cada vez que recordamos que la dignidad, la voz y la posibilidad de transformar el mundo no dependen de las limitaciones, sino de la convicción de seguir adelante.
 
Y quizás, en algún rincón imaginario, ese café sigue servido.