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El maquillaje de la maternidad: Más allá de las flores de mayo

El maquillaje de la maternidad: Más allá de las

 flores de mayo

por Naomi Cordero

 

Estamos acostumbrados a que, durante el mes de mayo, el mundo se detenga para rendir homenaje a las madres. Las redes sociales se inundan de poemas sobre el heroísmo y palabras brillantes que resaltan la resiliencia. Sin embargo, como hija y persona con diversidad funcional, veo que detrás de ese maquillaje social que endulza la realidad, hay una verdad mucho más profunda que a menudo se queda fuera de las tarjetas de felicitación.
 
Maquillar la maternidad es ver solo la superficie. A veces, el sistema se enfoca tanto en admirar la fortaleza de una madre que olvida lo más importante: su conocimiento. El verdadero rostro de esta maternidad no es solo el de la "guerrera" que todo lo puede, sino el de la experta que conoce cada necesidad de su hijo mejor que cualquier expediente o teoría profesional.
 
Muchas veces se nos olvida que, mientras las agencias cierran sus puertas al final del día y los profesionales terminan su jornada, es la madre quien se queda navegando la realidad las 24 horas Su trabajo nunca termina. Notienehoradesalida. Es ella quien descifra lo que un diagnóstico no alcanza a explicar y quien encuentra soluciones donde el sistema solo ve problemas. No es una cuestión de "instinto", es un peritaje basado en la convivencia, en el ensayo y error, y en un compromiso que ninguna estructura gubernamental podrá replicar jamás.
 
Es aquí donde el sistema a veces nos queda debiendo. En el afán de seguir procesos y reglamentos, se corre el riesgo de devaluar ese conocimiento de primera mano. Por eso, cuando llega la etapa crítica de la transición a la vida adulta, su voz debería ser la brújula principal. Nadie sabe mejor que ella cuáles son las barreras reales y cuáles son las metas de autonomía que realmente podemos alcanzar.
 
Este mayo, el mejor homenaje que podemos ofrecer no son solo flores, sino el espacio para que esa voz sea escuchada y respetada en todos los niveles. Menos heroísmo idealizado y más validación de su autoridad. Que el reconocimiento no sea un gesto pasajero de un domingo, sino el compromiso de entender que, para diseñar servicios que funcionen, hay que contar primero con quien ha caminado cada paso a nuestro lado.